miércoles, 30 de noviembre de 2011

De mariposas Monarca y caminos trazados



Cada octubre, miles de mariposas Monarca vuelan a México y siempre acaban llegando al mismo lugar. Nadie puede explicar realmente este fenómeno de rutas trazadas. Las teorías no sirven de nada en este caso, supongo que se debe a que uno no se plantea sus caminos, sólo los recorre. Pero yo, a diferencia de los insectos, no sé nunca a dónde llegar. Los puntos del universo me son incalculables aún. Y el tiempo que no tengo para quedarme, o comprender el lugar en el que ahora estoy, se me escurre por las manos como agua. Pero no quiero pensar todavía en las despedidas que llegan de imprevisto, al igual que el frío, a este pedazo de tierra. Así que me contento con mirar a las hojas de la acera, olvidadas y coquetas, bailar con el viento de noviembre, con sentir el frío que se me va colando por adentro de los huesos, con las sonrisas que se me van desprendiendo, como dientes de león, de la boca. Y me contento con los sueños tan grandes que no me caben en los párpados y con la felicidad tan joven como un adolescente escribiendo poesía y con la vida tan verde como los santuarios a los que las mariposas Monarca siempre encuentran la forma de llegar.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Pictures Of You



"I've been looking so long at these pictures of you,
that I almost believe that they're real.
I've been living so long with my pictures of you,
that I almost believe that the pictures are
all I can feel."

-The Cure

viernes, 23 de septiembre de 2011

Los techos de París


Lo que no daría yo por volver a ver los techos de París o los callejones sobre los cuales se erigen sus edificios. Hay magia en los caminos del otro lado del mundo ¡Pero qué difícil es cansarse de la belleza a veces! Y por eso los techos de París se añoran como los recuerdos que caben en una canción. O las imágenes que revivimos en las avenidas. O las voces que se quedan colgadas en las ventanas de una buhardilla. O las sonrisas que dejamos de ver en el reflejo de lo que fuimos en una vida que hoy se sienta igual de ajena que la perfección de los tejados de una ciudad que alguna vez nos habitó.

miércoles, 23 de marzo de 2011

sábado, 19 de febrero de 2011

Thought of You - Ryan Woodward



Ryan Woodward sorprende con esta animación- no sólo a nivel técnico funciona sino que también la historia, el simbolismo que hay detrás, cautiva. El plus, claro, es añadido por la acertada selección de la canción, "World Spins Madly On" de The Weepies dota de melancolía y belleza a la perfecta ejecución visual de los dibujos y movimientos.

"Woke up and wished that I was dead
with an aching in my head
I lay motionless in bed
I thought of you and where you'd gone
and let the world spin madly on.

Everything that I'd said I do
like make the world brand new
And take the time for you
I just got lost and slept right through the dawn
And the world spins madly on.

I let the day go by
I always say goodbye
I watch the stars from my windowsill
The whole world is moving and I'm standing still.

Woke up and wished that I was dead
with an aching in my head
I lay motionless in bed
The night is here and the day is gone
And the world spins madly on.

I thought of you and where you'd gone
And the world spins madly on..."

domingo, 16 de enero de 2011

Instantes


Cuántos instantes antes

de nuestro prematuro nacimiento.
Cuántos cielos después
de nuestras incontables muertes.

.C
..a
...e
....s,

-como el otoño ya marchito -
en mis tantas vidas previamente seleccionadas.

viernes, 14 de enero de 2011

"Señores y sirvientes" de Pierre Michon



El relato: “Con este signo vencerás”



¿De dónde vino el fracaso de Lorentino d’Angelo? No del viento de Verna ni de la biografía que de él no escribió Vasari sino de la sombra del Piero que tanto admiraba. El cual le heredó, más que una técnica o un secreto pictórico, una carga fantasmal que nunca le permitió ser él mismo. Pero ¿fue de este peso de donde derivó su falta de reconocimiento? ¿O era su vida, simplemente y como el autor lo especula, un ejemplo de cómo la Providencia puede burlarse de los hombres? No podemos comprobarlo ya que la historia de Lorentino no es más que un cerdo asesinado, una obra que se ha ido borrando con los años, un nombre que sólo se recuerda porque perfiló en la vida de otro pintor. Y es por esta razón que hay que especular su existencia.
Lo que Michon supone y me llama la atención es que Lorentino no fue en vida ni es en muerte digno de mención por la simple razón que lo que él consideraba “su arte” no lo era realmente. El pintor era incapaz de producir obras maestras no porque careciera de talento, sino porque no era sincero pues buscaba imitar los trazos de una mano que no le pertenecía y dibujar retazos de una vida que no era la suya. Todo esto se nos muestra más claro que el Sol de Siena, en sus obras, en sus alabanzas y en el nombre de su hijo. De manera que lo que él buscaba no era inventarse en un lienzo pero camuflajear a Piero, la experiencia de éste y su mano mágica que ya de grande sólo sirvió para palpar sombras. Nada de ello le permitió acceder a su mundo interior habitado de uvas machacadas y ciudades púrpura y que resultaba igual de bello o hasta más que el de su profeta.

¿Acaso no eran estos recuerdos igual de valiosos para volverse cuadro que los santos, un tanto menos admirables, que Piero pintó? ¿Y por qué Lorentino no pudo comprenderlo? Justamente porque vivió sometido al peso de un ciego que le enseñó a amar a las imágenes sin entenderlas. Pero la ceguera física de Piero no es la misma ceguera espiritual que Michon inventó para Lorentino. Pues si bien en la del primero ya no existen figuras exteriores que penetran en su interior aún hay pedazos de arte detrás de esos ojos. La de este último en cambio, es mucho más poética y un tanto más absurda pues consiste en ese impedimento para presuponer que su vida era digna de ser admirada y pintada.

El fracaso de Lorentino nace además de su admiración, también de su humildad. Ésta el personaje no la encuentra en la miseria pues sabe vivir con ella, la encara en las comparaciones de los hombres difuntos que antaño colocó sobre sus hombros y que él mismo se inventó para desmeritar su valor artístico.

Hay algo de cobarde en la figura de ese niño perpetuo que condena al maestro que Piero fue para él y que él no será para Bartolomeo. Algo de patético en ese ser que pide a San Francisco develar el misterio del arte y preguntarle porque justamente a él, que la amaba y vivía para ella, no le tocó comprenderlo. Sin saber que no había nada que entender pues el arte era, al igual que la vida, subjetiva e interior: una mezcla ligada a los ojos del que la mira y a la experiencia del que la crea.

Pero no todo es desgracia para el personaje ya que al final éste logra deshacerse de la influencia de Piero. Hecho que lo dota de una ligereza y libertad de creación que no había conocido antes. Por ello el último cuadro al que refiere Michon es el más importante para el personaje. No es que resultara significativo porque le daba el reconocimiento que nunca llegó o porque lo posicionara entre los príncipes que nunca lo conocieron. Su valor se encontraba más bien en esa sinceridad que hasta entonces no había logrado. El autor lo describe como “la cosa más hermosa que la mano de un hombre haya hecho” (Pp. 163) ¿De dónde provenía esa maravilla hasta ahora ajena a su alma? De la sinceridad y la pureza con la que fue creada. Esa pintura común de un santo común para un campesino común, era una obra de arte pues fue elaborada a partir del recuerdo, la pasión y la ira del pintor. Fue la primera construcción que venía de su vida y era su vida. Resulta un tanto desgarrador pensar que ante la ejecución de algo tan sublime, el mundo no se inmutará. Que los siglos no recordaran a su creador y que ninguna trompeta sonara para celebrar aquel nacimiento. Y más triste aún que a ese lienzo tan amado, tan único, tan perfecto, lo contemplarán tan pocos pares de ojos. Que indigno que tuviera que morir como los cuerpos y los nombres, en una parroquia alejada, de frente a lo que antes había sido un muro y contemplando al viento de Verna que todo lo destruye a su paso.

Bibliografía: MICHON, Pierre. Señores y sirvientes, Barcelona: Anagrama, 2003

miércoles, 12 de enero de 2011

Nombres

"te llamas hoja húmeda, noche de apartamento solo, vicisitud,
campana, tersura y lascivia, ingenuidad, lisura de la piel, luna
llena, crisis
oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil pétalos
Éufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija, tórtola, S.
y trébol
ovípara
uva, vellocino y petrificación
podrías llamarte…
pero tu nombre es
lecho, lavamanos, dentífrico, café, primer cigarrillo,
luego sol de taxis, acacia, también te llamas acacia y six pi em
-em- or half past six or seven,
cerveza y Shakespeare
y vuelves a llamarte hoja húmeda, noche de apartamento solo
día tras día,
sí, tienes tantos nombres
y no te puedo llamar
todo tan absurdo como esas mañanas sin amor que el espejo de
los baños recoge y protege
todo tan desoladamente inabordable
todo tan causa perdida."

-Rafael Cadenas

sábado, 1 de enero de 2011

El París de Cortázar (o "Del lado de allá")


El laberinto en el que Cortázar nos coloca con las palabras permite palpar París, llegar sorpresivamente a esa mítica, terriblemente hermosa ciudad. Y es que a veces todo es París visto desde los ojos del gran cronopio. París con sus encuentros y desencuentros. París con su azar y su destino, su cautivante magia y su atroz embrujo.
Al leer fragmentos de Rayuela, queda claro que la belleza de ésa metrópoli es incuestionable. Hay una fuerza que nos atrae como lectores a querer estar ahí, el libro hace que el exilio parezca menos amargo. Es verdad que las palabras de Cortázar ayudan a sobrellevar los peores días pero también que sirven de acompañamiento para los mejores. He leído el libro dos veces y media. La primera lo hice en el orden preestablecido por las reglas inútiles del mundo contemporáneo, órdenes que, supuestamente, regulan el caos literario que es cada obra maestra. La segunda, seguí el tablero de dirección trazado por la mano del genio. Sin embargo, últimamente opto por leer el libro "a medias" es decir, por capítulos elegidos por mí en base a su poder seductor. De ahí que haya memorizado sus oraciones como un credo, como una carta inédita de amor.
No amo París porque ame Rayuela, pero sí amé primero Rayuela que París. Y amo Rayuela por su inmanente belleza, por su acertado retrato de la realidad y, sobre todo, por su total sinceridad. Amo Rayuela por su constancia en todos los episodios significativos de mi vida, por su permanencia en todos los saltos del tiempo que robo. Amo Rayuela porque es la vida: los aciertos y los errores, el egoísmo y la inocencia, el exilio y el regreso, la locura y el olvido, el amor y el no saber amar. Pero también la resiento: por su perfección inhumana, por su inigualable esteticismo, por su tiránica (increíblemente realista) conclusión. Ninguna mujer que haya amado el libro de Cortázar podrá negar que ha intentado que algo de Maga se quede en ella, ninguna afirmará haberlo logrado del todo (o siquiera un poco). Asimismo, hay que reconocer que existen pedazos de Oliveira en todos nosotros: sería estúpido negar que, en algún momento, no nos hayamos sentimos como el Horacio egoísta y redentor. Cada ser humano es, en un momento determinado, contradictor (la pieza perdida, el rompecabezas inconcluso, el hombre vacío que necesita ser amado completamente, que desea amar pero no sabe cómo, que se hunde en recuerdos y se debate en olvido). Horacio es, pues, la piedrita en el zapato: todo eso que somos, que tanto nos pesa, que siempre nos duele.
Y París, entonces, es más que el escenario en dónde todo ocurre. Es el Gran Tornillo que nos hace girar, el fuego sordo que nos hace arder de pasión, el viento que aviva la llama, que nos quema y consume. París es la primera vez que vi la torre Eiffel, la ocasión en que sentí ganas de llorar de tanta belleza, la primera oportunidad que he tenido de sublimarme. París es la primera vez que viajé, mi chocolate favorito, una tarde de café en casa de mi mejor amiga. París es mi primer beso, una plática de siete horas, el sonido de la lluvia al caer en los tejados, el olor a tierra mojada. Es mi película favorita, cuando escribí algo medianamente decente. París es la oportunidad de adquirir cualidades de Maga, de sentir el infinito en mis ojos, de palpar y aprehender y vivir eso que Julio escribió.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Pensamientos oceánicos

A veces olvido las telarañas en mis ojos, las sombras que los murmullos proyectan en invierno, la espera que voy tejiendo en uno que otro rincón. Cada árbol imprime pájaros en la ventana, desde su marco metálico a veces me invade la ilusión de alcanzar la luna manchada de nubes. Son noches en que mis dedos se impregnan de luciérnagas que mueren con cada palabra nacida. Instantes, algo así como nostálgicos, en los que mis pensamientos adquieren cualidades oceánicas; sin límites, ni arrecifes, ni niebla encallada, ni barcos embotellados, ni atardeceres Atlánticos, ni mariposas acuíferas. Sólo entonces permito que mi sonrisa con complejo mensajero navegue por horas en tu recuerdo marino. Lentamente, las lágrimas aladas se colorean de suspiros. Existen, por intervalos pausados, fragmentos de mí en el viento. Y lluevo(hasta flotar en calmas saladas, hasta ahogarme en tanta belleza, hasta agotarme de inmensidad, hasta hincharme de alegorías)hasta olvidarte.