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viernes, 13 de agosto de 2010

Reportaje: El vampiro en la Postmodernidad

El vampiro en la postmodernidad

El impacto mediático de la saga Crepúsculo es un arma de dos filos. Pocos entienden su éxito, muchos lo cuestionan, pero nadie permanece indiferente.

Mariana Dávila

El 2 de junio del 2003 fue un día en el que no pasó nada fuera de lo común: ninguna noticia se robó los encabezados de los periódicos, nada alteró el orden habitual en el que sucedían las cosas y sin embargo para la estadounidense Stephenie Meyer todo cambió. Esa fue la fecha en que, tras despertar del sueño que le daría vida a la saga más famosa de los últimos años, comenzó a escribir lo que hoy se ha convertido en uno de los libros más aclamados de la década: Crepúsculo. Publicado en el 2005, se convirtió casi instantáneamente en un éxito de mercado. A sólo un mes de su lanzamiento ya se había posicionado en el número cinco de la lista de bestsellers del New York Times. Ese mismo año fue nombrado por el Publisher’s Weekly como el “mejor libro para niños”. La novela se convirtió en la más aplaudida del 2008 por los medios de comunicación y, hoy en día, ha vendido alrededor de 17 millones de copias en más de 20 idiomas y cuenta con tres hermanos siameses: Luna Nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008).

¿En dónde radica su encanto? ¿En la historia que no escapa a los lugares comunes? ¿En la manera en que está escrita? O más bien ¿en la campaña publicitaria que se ha encargado de enaltecerla? La cuestión resulta dudosa. Lo cierto es que amada u odiada, pocos son los que permanecen indiferentes al fenómeno mediático en el que se ha convertido. Entonces ya no habría que buscar las razones del porqué de su impacto sino tratar de hacer un bosquejo de cuál ha sido su influencia y cómo ha repercutido en el forjamiento de la imagen actual del vampiro.

De monstruos a galanes
Según su definición más elemental, un vampiro es un cadáver reanimado que subsiste alimentándose de la sangre de los seres vivos. Su existencia se remonta a eras casi tan olvidadas como los recuerdos de la infancia. En un principio su aparición era exclusiva de las regiones eslavas. De todo esto me informa Héctor Sandoval, un ávido conocedor del tema y perteneciente a la subcultura gótica, movimiento que ha incorporado ciertas características de estas criaturas a su ideología.

Aunque siempre han existido leyendas y anécdotas de vampiros, su incursión en la literatura no se da si no hasta finales del siglo XVIII. Entre las obras más importantes perfilan El Vampyro de Polidori, que viene a marcar una nueva época pues instaura la imagen del vampiro aristocrático que tenemos hoy en día, y Drácula de Bram Stroker. Esta última es sin duda la más importante para el género y una de mis favoritas, me dice.

Hace una pausa, se mira las uñas afiladas, luego se yergue en la silla. Sus movimientos son elegantes y recuerdan, por momentos, a esos seres que tanto le fascinan.

Le pregunto qué piensa acerca de Crepúsculo y su sonrisa se desvanece. Le parece patético y triste lo que esa saga ha hecho de los vampiros, ni siquiera considera que a esos personajes se les pueda clasificar como tales.
-Es ridículo si lo piensas ya que no hay nada en ellos que los ate a las míticas criaturas a las que me referí hace unos segundos. Seres que brillan y no matan y están meramente envueltos en dilemas juveniles. -Se calla y ríe. Recomienza- Esa mujer mató en un instante todas las construcciones que hacen a los vampiros interesantes y simbólicamente atrayentes.
Luego establece que no le parece que esté bien que alguien, que ha reconocido carecer de conocimientos sobre la cultura vampírica, se siente a escribir de algo que no entiende llamándolo por algo que no es, en vez de describirlo por lo que sí: un mal drama de secundaria.

-Tal vez si Meyer se hubiera tomado la molestia de indagar en el tema antes de atreverse a trastocarlo su obra no sería tan mala. Es probable que de esa manera hubiera comprendido que lo que hace tan bellamente trágico al vampiro es que actúa como un espejo invertido de lo que somos. Y lo que lo hace tan cautivante es esa manera, algo cruel, que tiene de vincular al amor con la muerte de manera fatal.


Héroes de papel
Somos una cultura visual, contamos con más imágenes que ideas, con más productos que emociones. En un mundo donde los medios dictan la conducta de los individuos no es de sorprender que todo lo que sea suficientemente atractivo para recibir su atención deba ser consumido. Tal es el caso de Crepúsculo. En esto concuerdan Pamela Gutiérrez y Ana Lucía, quienes sienten fascinación por la saga.

-Era algo que estaba en todos lados, era difícil no enterarte de su existencia o no sentirte atraído por la trama de la que todos hablaban.
De primera impresión uno infiere lo mucho que difieren las personalidades de las entrevistadas, asume cuanto varían sus gustos. Sin embargo, su postura en torno a la novela de Meyer resulta tan parecida que podría tratarse de la misma persona. “Sí, es literatura porque se expresa en palabras. Sí, es recomendable porque divierte. No, no es innovadora pero hoy por hoy ¿qué lo es?"

-Desde que tengo memoria leo acerca de vampiros. Mi primer acercamiento al tema fue a través del libro Má y Pá Drácula del Fondo de Cultura Económico y de los poemas de Goethe y Baudelaire. Por supuesto estoy familiarizada con la obra de Bram Storker y Anne Rice. Por ello me atrevo a afirmar que ha sido ésta última y no Stephenie Meyer la que ha venido a revolucionar la estética vampírica original. Lo único que ha hecho Meyer es modernizarlos, haciéndolos vegetarianos y tintineantes. Me dice Pamela mientras Ana establece que quizá lo que encante a tanta gente sea la trama.
-Plantea una historia de amor prohibido. Esto siempre resulta atrayente para las mujeres ya que, en menor o mayor medida, todos nos identificamos con el tema en algún punto de nuestra vida. Hablar de relaciones duraderas, compromiso y fidelidad en una sociedad que aparentemente ha erradicado estos valores resulta refrescante. Por eso no es de sorprender que Crepúsculo cautive a las jóvenes ofreciéndoles fantasía en un mundo repleto de realidades aplastantes.

Vivimos en un tiempo en donde las distancias son reducidas y la información omnipresente. La comunicación es facilitada por dispositivos electrónicos y la felicidad es vendida en cada rincón. Nunca nos hemos sentido más solos. El fracaso de la postmodernidad nos arrastra inevitablemente a la ficción. Necesitamos héroes de papel, personajes entintados a los cuales aspirar.

-No asombra que muchas mujeres busquen imitar a Bella, considero que la autora ha sido sumamente inteligente pues ha hecho de su protagonista a un personaje bastante hueco. Por lo que casi cualquiera se puede identificar con ella ya que, inconscientemente, la va dotando de la personalidad de la que carece con la suya propia. Establece Ana

No hay nada de malo en tener ídolos, pero ¿qué pasa cuando éstos en vez de salvarnos nos condenan? ¿En qué punto los modelos aspiracionales presuponen un peligro? El arquetipo de la damisela en peligro se remonta a las historias del amor cortés. Sería un error tratar de imitar su conducta y esperar los mismos resultados. Meyer no ha creado a sus personajes con ese afán, éstos son un reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos y eso no es culpa de la autora si no de un problema social más complejo.


Caldo de sangre para el alma
Para la RAE, la literatura es el arte que emplea como medio de expresión una lengua. Según Jesús Coss, maestro de letras, ésa es una definición obsoleta e insuficiente.

-Negociar con el arte es una moda capitalista, presuponer que todas las oraciones son significativas, un error. Crepúsculo es un excelente estudio de mercado y un pésimo libro. Decir que es literatura por el mero hecho de capturar palabras en papel es como decir que todo lo que está escrito, sea un texto científico o una columna de astrología también lo es. En este caso las cifras no miden la calidad de una obra ¿a mí qué me importa que Crepúsculo haya vendido 17 millones de ejemplares o dos? ¿No son acaso las piezas maestras de la historia aquellas que en su momento fueron incomprendidas y satanizadas?

Al igual que Jesús otros expertos en literatura (Tania Favela, Luis Felipe Fabre) establecen que pocos son los bestsellers que escapan a los intereses del mercado global.

-En la mayoría de los casos, dedicarte a las letras no deja mucho dinero por ello uno debe ganarse la vida de otra forma pero jamás comerciando con lo que supuestamente ama como lo hacen Meyer, Paulo Coehlo, J.K. Rowling o hasta García Márquez. Más que aspirar a lo estético, la meta final de Crepúsculo es vender. La literatura como toda verdadera alta cultura es elitista y excluyente, sólo está al alcance de unos cuantos. Como puedes observar el libro de Meyer pertenece a la cultura de masas. Es divertido y fácil de leer mas no busca transformar por lo que cae en del lado del entretenimiento y no del arte.

¿Diversión o literatura?, ¿no acaso la segunda engloba a la primera?, ¿importa realmente si la saga cumple con su cometido que es entretener? Poco afecta que sus letras no sean significativas para los expertos si, al final, para la gran mayoría resultan seductoras.


Psicología sangrienta
Ana María Morales y Óscar Martínez se imponen ante las voces que llenan el auditorio. Este 30 de abril han venido a hablar a los estudiantes de la Ibero acerca de vampiros. Comienzan haciendo un recuento de su evolución mediática y simbólica, continúan ligándolos a la psicología. Este punto salta a la vista, los receptores se encogen de hombros, sorprendidos por no haberse percatado antes de cuanto estas criaturas resultan una extensión de sí mismos.

-Las características de los vampiros son forjadas según la época por ello responden a la ideologías de la humanidad en un momento determinado. Sus características son cambiantes; en la antigüedad éstos eran seres ruines y decadentes, eran la causa de las epidemias y a través de ellos se buscaba explicar el surgimiento de plagas. Durante la Edad Media sirvieron para que los sistemas de poder, más específicamente la iglesia, reforzaran su discurso de control; la religión convirtió a los vampiros en esos cadáveres que regresaban de la muerte porque en vida habían sido herejes o se resistieron a abrazar el cristianismo.

A partir de la modernidad los vampiros empiezan a ser percibidos como seres seductores, ligados al erotismo y la sexualidad. Se vuelven una metáfora del narcisismo humano y otros complejos freudianos. Son la personificación del mal que se gesta hasta en el mejor de los hombres, aquel que lo refiere a sus deseos más primitivos. En todos estos puntos hace hincapié Ana María.
Entonces, si estos personajes portan partes de nuestra identidad uno se plantea ¿a qué responde ésta en plena postmodernidad? Para obtener una respuesta basta con analizar Crepúsculo. Dejando de lado la cobertura mediática que ha recibido y toda la parafernalia que se ha generado a partir de la saga, su popularidad tiene que ver también con que satisface las necesidades de la sociedad.

-La cuestión no deja de ser preocupante si se toma en cuenta que los personajes que describe son predecibles, egoístas y hermosos. Hay algo molesto en esa perfección a la que aluden los protagonistas, algo enfermizo en su relación (que fomenta el abuso y sometimiento total ante el ser “amado”). A lo largo de Luna Nueva, el segundo libro de la saga, la protagonista pasa más de la mitad del tiempo llorándole a Edward, piensa en el suicidio como el único escape factible.- Señala la psicóloga Alejandra Castañeda desde su página web.

Hemos llegado al punto en que no se sabe si Crepúsculo es una reproducción de la conducta o viceversa. Edward representa la belleza prohibida, Bella el títere que ha de consumirla. Su relación está cimentada en el aprisionamiento del “amor”, como si éste fuera aprehensible o un producto más para obtener en la era de la abundancia, en la cual lo que tenemos determina lo que somos.


El amanecer de una era crepuscular
Si uno teclea la palabra 'Crepúsculo' en los buscadores en línea alrededor de 751,000 páginas saltan a la vista en un instante. Ésta es una prueba más de que son pocas las personas que no tienen nada que decir acerca del tema. Existen muchas contradicciones en torno al fenómeno: unos afirman que ha venido a refrescar la imagen de los vampiros otros que a arruinarla. Pocos deducen que es una moda pasajera, muchos que llegó para quedarse. Hay quienes opinan que su contenido es un mal ejemplo para las relaciones juveniles y los que alegan que su trama retoma los valores perdidos de la sociedad.

Expertos en literatura lo denuncian como un producto mercadológico, la mayoría lo relacionan con el arte. No hay una postura fija, ni una visión unilateral. Sea lo que sea por lo menos ha logrado que, en un mundo de pensamientos estandarizados, resurjan los murmullos de la diversidad.
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NOTA:
Reportaje final de periodismo, como con todo lo que escribo, me gustó más la primera vez que lo leí. Personalmente, detesto la saga de Crepúsculo, por ello que me diera a la tarea de analizar el porqué de su éxito. Traté de ser lo más neutral posible, sin exponer mis puntos de vista, mostrando las diferentes perspectivas en torno al fenómeno y, como siempre, acabe condenando a la frivolidad de nuestra época.

lunes, 12 de julio de 2010

La Cámara Lúcida de Roland Barthes

“¿No estamos enamorados de ciertas fotografías?”
-Roland Barthes

Por: Mariana Dávila Moreno

¿Qué me punza de una fotografía? ¿el detalle innombrable?, ¿la realidad inmanente que muestra o, por lo contrario, esa atemporalidad que me posiciona fuera de ella? Nunca entenderemos en qué medida una fotografía nos conmueve por encima de otras, por qué lo que vemos en ella no es lo mismo que los demás han visto. No seremos capaces de explicar la razón por la cual a través de algo tan incierto como esa imagen, que no existe sin su referente, nos reencontramos con ciertos objetos, situaciones o personas. Tal vez la belleza no está en lo que en ella contemplamos sino en el mero hecho de saber que eso que nos muestra estuvo ahí, existió.

La fotografía de mi abuelo cargando a mi prima recién nacida me conmueve. Poco importa que la calidad de la imagen sea buena (ésta es demasiado obscura para ser estética) pues lo que me emociona de ella es que me permite reconocer al ser amado. El retrato se convierte entonces en el perpetuo déjà vu de un momento que nunca podrá repetirse y que, a pesar de eso, cuando lo observo no puedo evitar más que evocarlo eternamente.

Es probable que cuando ya no exista nadie para recordarnos el punctum de las fotografías para las cuales posamos se evapore también. Tal vez el azar incomprensible que fascina al Spectator, que lo hace reencontrarme en una imagen, muera junto con aquellos que me amaron y mis representaciones fotográficas se conviertan en un mero vestigio que sólo sirva para probar al mundo que alguna vez existí. Pasaré a ser un simple indicador de otro tiempo, el studium perfecto de una época ya muerta.

Casi todas las personas adquieren una postura al ser fotografiadas (cabeza erguida, actitud relajada, sonrisa plena). Entonces se puede establecer que la fotografía se asemeja al teatro ya no solamente porque ambos tienen como mediador a la muerte, sino porque los dos se construyen a partir de máscaras. El posar ante una cámara es representar un papel, es jugar un rol que me aleja de lo que soy para acercarme a lo que me gustaría ser. La fotografía es la anti-naturalidad del individuo por excelencia. Por ello no es de sorprenderse que las tomas imprevistas que nos capturan en nuestra completa naturalidad nos desagraden la mayoría de las veces. Hay una cierta resistencia a que las fotografías se conviertan en espejos, una indiscutible desconfianza a vernos reflejados realmente como somos y un eterno temor a no aparecer completamente felices, completamente conformes para los ojos ajenos.

El Spectator siempre tendrá una opinión sobre las cosas que mira por más neutral o indiferente que sea a ellas. Pero la capacidad de interpretación de éste es limitada, pues se encuentra sujeta a la intención del Operator que con su dedo creador se encarga de capturar sólo aquellos objetos e instantes que le parecen significativos. La fotografía es fragmentaria pues nos muestra pequeñas partes del mundo y también selectiva pues es una configuración de miradas particulares que anidan imágenes en un lente. Es decir, que aquello que es reproducido por una cámara está sujeto a la selección excluyente del que la opera.

Existe una evidencia inmutable en la fotografía que me dota de una certeza inmediata, incuestionable, de que lo que en ella se representa en efecto ha sido. No presupone un encuentro con el pasado ya que no restituye lo abolido, sino que permite más bien una confrontación con la realidad. Es justamente por la atracción que sentimos hacia lo verdadero que la fotografía nos fascina, por ello que vivimos en un mundo cada vez más contaminado de imágenes, terrible realidad moderna que al pretender valorarla acaba convirtiéndola en una práctica trivial y le roba algo de su demencia, de su genialidad, de su punctum y a nosotros un pedazo de eternidad.

Bibliografía: BARTHES, Roland. La cámara lúcida, Barcelona: Gustavo Gili, 1982

miércoles, 12 de mayo de 2010

Que te cuento querido padre... proyecto de fototextos

Un conmovedor y crudo poema del italiano Eros Alesi (1951-1971), el cual aparece en su libro 'Mamá Morfina'. Es la carta que le escribe a su padre muerto en el viaje que realizó por el mundo en búsqueda de drogas, autodestrucción y quizá también algo de esperanza. Me sirvió de inspiración para mi proyecto final de Literatura y Arte Contemporáneo (abajo de él anexo las fotos) 

Que te cuento, querido padre….

Que te cuento, querido padre, de mi viaja a la India. Que estoy seguro, cierto de que me escucharás.
Que ya son muchos meses de anfetaminas. Que por algún tiempo las anfetaminas eran inconseguibles en las farmacias. Que el mercado negro las vendía a precios odiosos. Que mi viaje por Nápoles- boleto de ida y vuelta- que Nápoles era un lugar casi virgen para las anfetaminas. Que el boleto a Roma fue a dar al excusado. Que un mes en Nápoles, ciudad que quiere vivir al paso de los tiempos, aun conservando un subrepticio tradicionalismo- que en Nápoles, Piazza Municipio, estaban Gionata Usi, Lorens y muchos más. Que todos los días dos o tres frascos de Ritalin-Metredina-Desoxyn-Psichergina-Tempodex. Que luego la ocasión de un robo de diez mil liras y la paranoia obsesiva me llevaron a Foggia- que fuga en Manfredonia- que el único greñudo en Manfredonia me regala su documento de identidad- que prosigo de aventón hacia Brindisi- que tu espíritu, tus palabras, tus moléculas me han ayudado. Que encuentro cinco mil liras, suficientes para embarcarme rumbo a Gominizza- que luego nada, padre, nada de jeringas ni de intravenosas. Que he viajado solo, la mayor parte a pie, por las faldas de los montes que forman la frontera de Salónica. Que en Salónica encontré a un francés, maduro para una venganza justa e injusta. Que estaba maduro, querido papá, para la diosa y no diosa muerte. Que él regresó a Francia, que yo directamente a Estambul.

Querido padre, que Estambul nos recuerda- me recuerda un año de cárcel. Que te amo, querido padre, y que casi siempre te he amado. Que no deseaba tu ansia, tu dolor. Que llego a Estambul con el falso documento de identidad, sin una lira turca. Que robo dos pasaportes, un extraordinario reloj y algunas monedas. Que en Estambul me inyectaba inmemorables dosis de tintura de opio. Que me hallaba sereno, que sólo te recordaba en momentos de inspiración. Que después del robo una obsesiva paranoia. Que un taxi hasta Estambul oriental. Que la paranoia me corroía. Que finalmente Izmit. Que encuentro a un francés en el primer viaje. Que trabajo en Modino gracias a mis conocimientos de turco. Que una tarde dentro de un hotel de cuarta clase. Que aquí George Souterbanc deja su pantalón bajo la cama, con los pasaportes y doscientos cincuenta dólares. Que gran lucha introspectiva, querido padre. Que al fin huyo con los pantalones del francés. Que taxi. Que 50 gramos de opio líquido. Que en un pueblo cuyo nombre no recuerdo tomo un autobús directo a Ankara. Que paranoia obsesiva. Que en Ankara un avión hacia Erzerum. Que horas contadas con el cuentagotas. Que al fin directo hacia Irán. Que tres días de viaja bebiendo vomitivo líquido de opio líquido. Que el primer retén es la aduana, y el opio a salvo. Que luego en Tabriz, con pocas hors de espera. Que compré dátiles y manzanas. Que finalmente Teherán. Que Amircabir Hotel, el hotel para  turistas adinerados. Que opio a montones. Que cinco veces heroína, y fumada, según la usanza local. Que pericazo- que piquetazo. Que esperaba más de la reina de las drogas. Que veinte comprimidos de morfina de 32 mg. Que cylon. Que contar. Que un nuevo robo (reloj transistorizado), que menos paranoia que la primera vez. Que tren para Mescad. Que los últimos quintos para Herat (Afganistán). Que en Herat ayudas a causa de la recíproca simpatía de un muchacho alemán. Que viajo hasta Kandar y encuentro a un viejo compañero francés, Fransuás. Que juntos vivimos la vida con el último dinero restante de un pequeño robo de ampolletas de morfina. Que el ser viajaba. Que el ser estaba reducido a andrajos de colores. Que las campanas tocaban. Que tocaban lentamente 12 tañidos. Que con gusto me bebería un vaso de leche fría.

   

 

        


Bueno el trabajo constaba en adaptar fotos a un texto, elegí éste. Todas las escenografías fueron construcción mía, los únicos cambios que les di en photoshop fueron alrededor del color y los efectos de luz. El trabajo fue presentado en un sobre con un sello de cera que contenía también la carta, las fotos son las postales que Eros le manda a su padre.

lunes, 22 de marzo de 2010

Duane Michels

"This photograph is my proof. There was that afternoon, when things were still good between us, and she embraced me, and we were so happy. It did happen, she did love me. Look, see for yourself!"
-Duane Michels