domingo, 16 de enero de 2011

Instantes


Cuántos instantes antes

de nuestro prematuro nacimiento.
Cuántos cielos después
de nuestras incontables muertes.

.C
..a
...e
....s,

-como el otoño ya marchito -
en mis tantas vidas previamente seleccionadas.

viernes, 14 de enero de 2011

"Señores y sirvientes" de Pierre Michon



El relato: “Con este signo vencerás”



¿De dónde vino el fracaso de Lorentino d’Angelo? No del viento de Verna ni de la biografía que de él no escribió Vasari sino de la sombra del Piero que tanto admiraba. El cual le heredó, más que una técnica o un secreto pictórico, una carga fantasmal que nunca le permitió ser él mismo. Pero ¿fue de este peso de donde derivó su falta de reconocimiento? ¿O era su vida, simplemente y como el autor lo especula, un ejemplo de cómo la Providencia puede burlarse de los hombres? No podemos comprobarlo ya que la historia de Lorentino no es más que un cerdo asesinado, una obra que se ha ido borrando con los años, un nombre que sólo se recuerda porque perfiló en la vida de otro pintor. Y es por esta razón que hay que especular su existencia.
Lo que Michon supone y me llama la atención es que Lorentino no fue en vida ni es en muerte digno de mención por la simple razón que lo que él consideraba “su arte” no lo era realmente. El pintor era incapaz de producir obras maestras no porque careciera de talento, sino porque no era sincero pues buscaba imitar los trazos de una mano que no le pertenecía y dibujar retazos de una vida que no era la suya. Todo esto se nos muestra más claro que el Sol de Siena, en sus obras, en sus alabanzas y en el nombre de su hijo. De manera que lo que él buscaba no era inventarse en un lienzo pero camuflajear a Piero, la experiencia de éste y su mano mágica que ya de grande sólo sirvió para palpar sombras. Nada de ello le permitió acceder a su mundo interior habitado de uvas machacadas y ciudades púrpura y que resultaba igual de bello o hasta más que el de su profeta.

¿Acaso no eran estos recuerdos igual de valiosos para volverse cuadro que los santos, un tanto menos admirables, que Piero pintó? ¿Y por qué Lorentino no pudo comprenderlo? Justamente porque vivió sometido al peso de un ciego que le enseñó a amar a las imágenes sin entenderlas. Pero la ceguera física de Piero no es la misma ceguera espiritual que Michon inventó para Lorentino. Pues si bien en la del primero ya no existen figuras exteriores que penetran en su interior aún hay pedazos de arte detrás de esos ojos. La de este último en cambio, es mucho más poética y un tanto más absurda pues consiste en ese impedimento para presuponer que su vida era digna de ser admirada y pintada.

El fracaso de Lorentino nace además de su admiración, también de su humildad. Ésta el personaje no la encuentra en la miseria pues sabe vivir con ella, la encara en las comparaciones de los hombres difuntos que antaño colocó sobre sus hombros y que él mismo se inventó para desmeritar su valor artístico.

Hay algo de cobarde en la figura de ese niño perpetuo que condena al maestro que Piero fue para él y que él no será para Bartolomeo. Algo de patético en ese ser que pide a San Francisco develar el misterio del arte y preguntarle porque justamente a él, que la amaba y vivía para ella, no le tocó comprenderlo. Sin saber que no había nada que entender pues el arte era, al igual que la vida, subjetiva e interior: una mezcla ligada a los ojos del que la mira y a la experiencia del que la crea.

Pero no todo es desgracia para el personaje ya que al final éste logra deshacerse de la influencia de Piero. Hecho que lo dota de una ligereza y libertad de creación que no había conocido antes. Por ello el último cuadro al que refiere Michon es el más importante para el personaje. No es que resultara significativo porque le daba el reconocimiento que nunca llegó o porque lo posicionara entre los príncipes que nunca lo conocieron. Su valor se encontraba más bien en esa sinceridad que hasta entonces no había logrado. El autor lo describe como “la cosa más hermosa que la mano de un hombre haya hecho” (Pp. 163) ¿De dónde provenía esa maravilla hasta ahora ajena a su alma? De la sinceridad y la pureza con la que fue creada. Esa pintura común de un santo común para un campesino común, era una obra de arte pues fue elaborada a partir del recuerdo, la pasión y la ira del pintor. Fue la primera construcción que venía de su vida y era su vida. Resulta un tanto desgarrador pensar que ante la ejecución de algo tan sublime, el mundo no se inmutará. Que los siglos no recordaran a su creador y que ninguna trompeta sonara para celebrar aquel nacimiento. Y más triste aún que a ese lienzo tan amado, tan único, tan perfecto, lo contemplarán tan pocos pares de ojos. Que indigno que tuviera que morir como los cuerpos y los nombres, en una parroquia alejada, de frente a lo que antes había sido un muro y contemplando al viento de Verna que todo lo destruye a su paso.

Bibliografía: MICHON, Pierre. Señores y sirvientes, Barcelona: Anagrama, 2003

miércoles, 12 de enero de 2011

Nombres

"te llamas hoja húmeda, noche de apartamento solo, vicisitud,
campana, tersura y lascivia, ingenuidad, lisura de la piel, luna
llena, crisis
oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil pétalos
Éufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija, tórtola, S.
y trébol
ovípara
uva, vellocino y petrificación
podrías llamarte…
pero tu nombre es
lecho, lavamanos, dentífrico, café, primer cigarrillo,
luego sol de taxis, acacia, también te llamas acacia y six pi em
-em- or half past six or seven,
cerveza y Shakespeare
y vuelves a llamarte hoja húmeda, noche de apartamento solo
día tras día,
sí, tienes tantos nombres
y no te puedo llamar
todo tan absurdo como esas mañanas sin amor que el espejo de
los baños recoge y protege
todo tan desoladamente inabordable
todo tan causa perdida."

-Rafael Cadenas

sábado, 1 de enero de 2011

El París de Cortázar (o "Del lado de allá")


El laberinto en el que Cortázar nos coloca con las palabras permite palpar París, llegar sorpresivamente a esa mítica, terriblemente hermosa ciudad. Y es que a veces todo es París visto desde los ojos del gran cronopio. París con sus encuentros y desencuentros. París con su azar y su destino, su cautivante magia y su atroz embrujo.
Al leer fragmentos de Rayuela, queda claro que la belleza de ésa metrópoli es incuestionable. Hay una fuerza que nos atrae como lectores a querer estar ahí, el libro hace que el exilio parezca menos amargo. Es verdad que las palabras de Cortázar ayudan a sobrellevar los peores días pero también que sirven de acompañamiento para los mejores. He leído el libro dos veces y media. La primera lo hice en el orden preestablecido por las reglas inútiles del mundo contemporáneo, órdenes que, supuestamente, regulan el caos literario que es cada obra maestra. La segunda, seguí el tablero de dirección trazado por la mano del genio. Sin embargo, últimamente opto por leer el libro "a medias" es decir, por capítulos elegidos por mí en base a su poder seductor. De ahí que haya memorizado sus oraciones como un credo, como una carta inédita de amor.
No amo París porque ame Rayuela, pero sí amé primero Rayuela que París. Y amo Rayuela por su inmanente belleza, por su acertado retrato de la realidad y, sobre todo, por su total sinceridad. Amo Rayuela por su constancia en todos los episodios significativos de mi vida, por su permanencia en todos los saltos del tiempo que robo. Amo Rayuela porque es la vida: los aciertos y los errores, el egoísmo y la inocencia, el exilio y el regreso, la locura y el olvido, el amor y el no saber amar. Pero también la resiento: por su perfección inhumana, por su inigualable esteticismo, por su tiránica (increíblemente realista) conclusión. Ninguna mujer que haya amado el libro de Cortázar podrá negar que ha intentado que algo de Maga se quede en ella, ninguna afirmará haberlo logrado del todo (o siquiera un poco). Asimismo, hay que reconocer que existen pedazos de Oliveira en todos nosotros: sería estúpido negar que, en algún momento, no nos hayamos sentimos como el Horacio egoísta y redentor. Cada ser humano es, en un momento determinado, contradictor (la pieza perdida, el rompecabezas inconcluso, el hombre vacío que necesita ser amado completamente, que desea amar pero no sabe cómo, que se hunde en recuerdos y se debate en olvido). Horacio es, pues, la piedrita en el zapato: todo eso que somos, que tanto nos pesa, que siempre nos duele.
Y París, entonces, es más que el escenario en dónde todo ocurre. Es el Gran Tornillo que nos hace girar, el fuego sordo que nos hace arder de pasión, el viento que aviva la llama, que nos quema y consume. París es la primera vez que vi la torre Eiffel, la ocasión en que sentí ganas de llorar de tanta belleza, la primera oportunidad que he tenido de sublimarme. París es la primera vez que viajé, mi chocolate favorito, una tarde de café en casa de mi mejor amiga. París es mi primer beso, una plática de siete horas, el sonido de la lluvia al caer en los tejados, el olor a tierra mojada. Es mi película favorita, cuando escribí algo medianamente decente. París es la oportunidad de adquirir cualidades de Maga, de sentir el infinito en mis ojos, de palpar y aprehender y vivir eso que Julio escribió.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Pensamientos oceánicos

A veces olvido las telarañas en mis ojos, las sombras que los murmullos proyectan en invierno, la espera que voy tejiendo en uno que otro rincón. Cada árbol imprime pájaros en la ventana, desde su marco metálico a veces me invade la ilusión de alcanzar la luna manchada de nubes. Son noches en que mis dedos se impregnan de luciérnagas que mueren con cada palabra nacida. Instantes, algo así como nostálgicos, en los que mis pensamientos adquieren cualidades oceánicas; sin límites, ni arrecifes, ni niebla encallada, ni barcos embotellados, ni atardeceres Atlánticos, ni mariposas acuíferas. Sólo entonces permito que mi sonrisa con complejo mensajero navegue por horas en tu recuerdo marino. Lentamente, las lágrimas aladas se colorean de suspiros. Existen, por intervalos pausados, fragmentos de mí en el viento. Y lluevo(hasta flotar en calmas saladas, hasta ahogarme en tanta belleza, hasta agotarme de inmensidad, hasta hincharme de alegorías)hasta olvidarte. 

sábado, 13 de noviembre de 2010

Intervencionismo estadounidense en América Latina

¿Podemos mencionar los conceptos de ‘libertad’ o ‘justicia’ en lo que hoy entendemos como una “democracia” intervenida?  Lo cierto es que el territorio latinoamericano siempre ha sido de gran atractivo para las potencias extrajeras, en especial Estados Unidos (por su riqueza en recursos naturales, su tamaño y cercanía) y esta (por encima de muchas otras), ha sido la causa principal de sus males. Demócratas o republicanos, el hecho es que, desde Roosvelt hasta Bush, Estados Unidos ha intervenido en los gobiernos y las estructuras sociales, políticas y económicas de Latinoamérica. Pero antes de analizar las consecuencias que esto ha tenido en el maltratado territorio latinoamericano, es importante plantearse primero el porqué de este afán intervencionista. Si bien los deseos de poder, riqueza y expansión estadounidense son evidentes desde finales del Siglo XIX (la apropiación de una gran parte del territorio mexicano, el Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe  en 1823 y la Política de puertas abiertas en 1890) no es sino hasta 1954 con el golpe de Estado de Guatemala (comandado por la CIA) que éste se comienza a gestar de manera determinante y violenta. El derrocamiento de Jacobo Arbenz es sólo la primera de muchas transgresiones políticas a gobiernos legítimos en América Latina por parte de Estados Unidos (tan sólo de  1962 a 1968 se registran 14 golpes de Estado en el territorio) y la implementación de dictaduras en casi todo el territorio (Chile, Argentina, Perú, Cuba, Nicaragua…)

Pero ¿por qué esta flaqueza por parte de los gobiernos latinoamericanos y ésta supresión relativamente fácil de la democracia? ¿Se debe culpar a los propios gobiernos latinoamericanos o más bien a las situaciones que posicionaron a sus países en la escala del subdesarrollo? Hay que entender que factores como las crisis económicas (de los 30s y 70s), las constantes revoluciones y golpes de Estado, la política del libre comercio, la instauración de los Estados de Seguridad Nacional y el creciente imperialismo capitalista fueron determinantes para el debilitamiento de las sociedades latinoamericanas, facilitando el control estadounidense sobre éstas.

Si bien las políticas expansionistas estadounidenses distan mucho de ser nobles, no se puede negar que de vez en cuando hayan resultado asertivas en sus propósitos. Acciones como; las  concesiones de préstamos a América Latina (que sólo sirvieron para aumentar su deuda externa), el surgimiento de la Alianza del progreso en 1959 (que tenía como objetivo “industrializar” América Latina es decir, explotar sus recursos), la desnacionalización de sus industrias en pro del capital extranjero y las políticas de exportación entre otras se encargaron de crear un desafortunado lazo de dependencia entre ambos territorios. Sin embargo, cada vez que esta unión forzada trató de romperse a través de reformas que ponían en jaque los intereses norteamericanos (como la sustitución de importaciones en los 40s, que buscaba favorecer a las fabricas nacionales, el comercio de países latinoamericanos entre sí, el surgimiento de guerrillas y ‘disidentes políticos’…) estas fueron acalladas de manera violenta y brutal por el gobierno estadounidense.

Es justamente en el centro del inconformismo latinoamericano, en su deseo por una reestructuración social y en sus anhelos de justicia, en donde se acaba gestando la parte más macabra de lo que el autor ha llamado “la larga y oscura noche. ” ¿En qué consiste pues este terrorismo implementado? En la instauración  de los Estados de Seguridad Nacional, con sus programas militares y policíacos de “ayuda,” su supresión total de la democracia y sus llamados escuadrones de la muerte. En pocas palabras, en el comienzo de una nueva era de asesinatos, desapariciones y torturas hacia todos aquellos que se impusieran ante los intereses del gigante del norte.

Estos hechos, junto con la revolución cubana de 1959 (implementación del socialismo en Occidente) y el creciente nacionalismo latinoamericano, abrieron camino a nuevos movimientos de protesta relativamente exitosos. Entre ellos, el llamado nuevo marxismo, la Teología de la liberación y el nacimiento de una nueva política en América Latina.  Pero ¿por qué resultaron importantes estas nuevas corrientes?  En primer lugar sirvieron para la introducción de nuevas formas sociales (reestructuración política) y reforzaron el compromiso democrático social. En segundo lugar, crearon nuevas alianzas entre grupos hasta entonces opuestos (marxistas y radicales católicos se unieron para alcanzar un fin común). Lograron que la política pasara de la élite a las calles (1970 los  Pueblos jóvenes de Perú que cuestionaron la legitimidad del FMI mediante una marcha.) Dieron paso a la  nueva militancia de mano de obra  (los trabajadores comenzaron a demandar sus derechos), así como a la aparición de movimientos campesinos y de indios. Y finalmente, entre sus repercusiones más importantes, encontramos la inserción de las mujeres en la política (Las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina o el Comité de las amas de casa en Bolivia), así como una adquisición mayor de derechos y papeles importantes a desarrollar en la sociedad. También encontramos el despertar de los jóvenes, los cuáles expresaron su inconformidad a través de manifestaciones artísticas.

A pesar de que tuvo ciertas repercusiones, esta nueva política se enfrentó a diversos problemas que acabaron por restarle poder a la misma.; en primer lugar, la falta de una red de organización cohesiva entre los grupos que la conformaban. En segundo, el florecimiento de nuevas formas de tortura por parte de los grupos militares, el incremento en la pobreza, la delincuencia, la migración y el exilio que vinieron a eliminar las esperanzas de cambio de los ciudadanos latinoamericanos.

La caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética en 1989 resultó importante no sólo porque marcó el fin de la era comunista, sino también porque acabó poniendo en tela de juicio la credibilidad de los pretextos de la intervención estadounidense en América Latina (la cuál ya se encontraba bastante dañada).

Para terminar, se puede observar que los países latinoamericanos poseen una memoria colectiva afín (de prácticas terroristas y dictaduras interminables) dejada por el intervencionismo estadounidense. Todos fueron víctimas de explotación de tierras y violación a los derechos humanos. Sin embargo, a pesar de las características que los unen no podemos decir que sean de alguna manera, iguales, ya que cada país tiene su propia cultura, cuenta con una posición geográfica específica y en algunos casos, hasta con un idioma distinto. También es cierto que cada una ha vivido “la oscura y larga noche” de manera diferente, los golpes de Estado y las torturas a los que estos conllevaron, fueron desiguales para cada país.

Resulta acertado decir que el intervencionismo estadounidense ha resultado uno de los principales males para los países latinoamericanos, tan ha sido así que el día de hoy aún podemos ver los estragos que dejaron en ellos (pobreza, desconfianza, desempleo, exilio, sufrimiento, resentimiento por el pasado, pérdidas de identidad, desapariciones y asesinatos sin resolver.)

Pero a pesar de todo lo expuesto anteriormente no puedo afirmar que todas las consecuencias del intervencionismo hayan sido malas. Por ejemplo, debido a éste el nacionalismo latinoamericano se vio reforzado, éste también permitió la unión social entre grupos, que en condiciones normales, resultaban opuestos, acrecentó la conciencia sobre los derechos humanos, modernizó elementos de la estructura social arcaica (permitió la inserción de mujeres y otras minorías en la política) y abrió paso a un enfoque ambientalista (desarrollo sostenible) en la década de los 90s. Pero sobretodo impulsó el desarrollo de las artes y la cultura; el famoso Boom literario, la creación de movimientos artísticos alternos como una forma de catársis o una búsqueda en la reconstrucción de la memoria colectiva (el Teatro por la identidad argentino, que tiene como finalidad reconstruir historias a través de testimonios reales y encontrar a los más de 500 niños que fueron apropiados y que siguen con una identidad robada.)

Tal vez hoy todavía se pueda hablar de una noche que aún no ve su amanecer, pero también se puede afirmar, que a pesar de tanta oscuridad, América Latina ha encontrado un poco luz y ha logrado escapar (sino del todo, porque es probable que nunca sea así), en gran medida, del intervensionismo estadounidense, forjando sus propias sociedades y políticas y cometiendo sus propios errores.


Bibliografía: COCKROFT, James D. América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país, México, Siglo XXI, 2001, Pp. 21-75 

Nota: Un ensayo que escribí hace mucho para mi clase de Problemas Contemporáneos del Mundo. 

viernes, 13 de agosto de 2010

Reportaje: El vampiro en la Postmodernidad

El vampiro en la postmodernidad

El impacto mediático de la saga Crepúsculo es un arma de dos filos. Pocos entienden su éxito, muchos lo cuestionan, pero nadie permanece indiferente.

Mariana Dávila

El 2 de junio del 2003 fue un día en el que no pasó nada fuera de lo común: ninguna noticia se robó los encabezados de los periódicos, nada alteró el orden habitual en el que sucedían las cosas y sin embargo para la estadounidense Stephenie Meyer todo cambió. Esa fue la fecha en que, tras despertar del sueño que le daría vida a la saga más famosa de los últimos años, comenzó a escribir lo que hoy se ha convertido en uno de los libros más aclamados de la década: Crepúsculo. Publicado en el 2005, se convirtió casi instantáneamente en un éxito de mercado. A sólo un mes de su lanzamiento ya se había posicionado en el número cinco de la lista de bestsellers del New York Times. Ese mismo año fue nombrado por el Publisher’s Weekly como el “mejor libro para niños”. La novela se convirtió en la más aplaudida del 2008 por los medios de comunicación y, hoy en día, ha vendido alrededor de 17 millones de copias en más de 20 idiomas y cuenta con tres hermanos siameses: Luna Nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008).

¿En dónde radica su encanto? ¿En la historia que no escapa a los lugares comunes? ¿En la manera en que está escrita? O más bien ¿en la campaña publicitaria que se ha encargado de enaltecerla? La cuestión resulta dudosa. Lo cierto es que amada u odiada, pocos son los que permanecen indiferentes al fenómeno mediático en el que se ha convertido. Entonces ya no habría que buscar las razones del porqué de su impacto sino tratar de hacer un bosquejo de cuál ha sido su influencia y cómo ha repercutido en el forjamiento de la imagen actual del vampiro.

De monstruos a galanes
Según su definición más elemental, un vampiro es un cadáver reanimado que subsiste alimentándose de la sangre de los seres vivos. Su existencia se remonta a eras casi tan olvidadas como los recuerdos de la infancia. En un principio su aparición era exclusiva de las regiones eslavas. De todo esto me informa Héctor Sandoval, un ávido conocedor del tema y perteneciente a la subcultura gótica, movimiento que ha incorporado ciertas características de estas criaturas a su ideología.

Aunque siempre han existido leyendas y anécdotas de vampiros, su incursión en la literatura no se da si no hasta finales del siglo XVIII. Entre las obras más importantes perfilan El Vampyro de Polidori, que viene a marcar una nueva época pues instaura la imagen del vampiro aristocrático que tenemos hoy en día, y Drácula de Bram Stroker. Esta última es sin duda la más importante para el género y una de mis favoritas, me dice.

Hace una pausa, se mira las uñas afiladas, luego se yergue en la silla. Sus movimientos son elegantes y recuerdan, por momentos, a esos seres que tanto le fascinan.

Le pregunto qué piensa acerca de Crepúsculo y su sonrisa se desvanece. Le parece patético y triste lo que esa saga ha hecho de los vampiros, ni siquiera considera que a esos personajes se les pueda clasificar como tales.
-Es ridículo si lo piensas ya que no hay nada en ellos que los ate a las míticas criaturas a las que me referí hace unos segundos. Seres que brillan y no matan y están meramente envueltos en dilemas juveniles. -Se calla y ríe. Recomienza- Esa mujer mató en un instante todas las construcciones que hacen a los vampiros interesantes y simbólicamente atrayentes.
Luego establece que no le parece que esté bien que alguien, que ha reconocido carecer de conocimientos sobre la cultura vampírica, se siente a escribir de algo que no entiende llamándolo por algo que no es, en vez de describirlo por lo que sí: un mal drama de secundaria.

-Tal vez si Meyer se hubiera tomado la molestia de indagar en el tema antes de atreverse a trastocarlo su obra no sería tan mala. Es probable que de esa manera hubiera comprendido que lo que hace tan bellamente trágico al vampiro es que actúa como un espejo invertido de lo que somos. Y lo que lo hace tan cautivante es esa manera, algo cruel, que tiene de vincular al amor con la muerte de manera fatal.


Héroes de papel
Somos una cultura visual, contamos con más imágenes que ideas, con más productos que emociones. En un mundo donde los medios dictan la conducta de los individuos no es de sorprender que todo lo que sea suficientemente atractivo para recibir su atención deba ser consumido. Tal es el caso de Crepúsculo. En esto concuerdan Pamela Gutiérrez y Ana Lucía, quienes sienten fascinación por la saga.

-Era algo que estaba en todos lados, era difícil no enterarte de su existencia o no sentirte atraído por la trama de la que todos hablaban.
De primera impresión uno infiere lo mucho que difieren las personalidades de las entrevistadas, asume cuanto varían sus gustos. Sin embargo, su postura en torno a la novela de Meyer resulta tan parecida que podría tratarse de la misma persona. “Sí, es literatura porque se expresa en palabras. Sí, es recomendable porque divierte. No, no es innovadora pero hoy por hoy ¿qué lo es?"

-Desde que tengo memoria leo acerca de vampiros. Mi primer acercamiento al tema fue a través del libro Má y Pá Drácula del Fondo de Cultura Económico y de los poemas de Goethe y Baudelaire. Por supuesto estoy familiarizada con la obra de Bram Storker y Anne Rice. Por ello me atrevo a afirmar que ha sido ésta última y no Stephenie Meyer la que ha venido a revolucionar la estética vampírica original. Lo único que ha hecho Meyer es modernizarlos, haciéndolos vegetarianos y tintineantes. Me dice Pamela mientras Ana establece que quizá lo que encante a tanta gente sea la trama.
-Plantea una historia de amor prohibido. Esto siempre resulta atrayente para las mujeres ya que, en menor o mayor medida, todos nos identificamos con el tema en algún punto de nuestra vida. Hablar de relaciones duraderas, compromiso y fidelidad en una sociedad que aparentemente ha erradicado estos valores resulta refrescante. Por eso no es de sorprender que Crepúsculo cautive a las jóvenes ofreciéndoles fantasía en un mundo repleto de realidades aplastantes.

Vivimos en un tiempo en donde las distancias son reducidas y la información omnipresente. La comunicación es facilitada por dispositivos electrónicos y la felicidad es vendida en cada rincón. Nunca nos hemos sentido más solos. El fracaso de la postmodernidad nos arrastra inevitablemente a la ficción. Necesitamos héroes de papel, personajes entintados a los cuales aspirar.

-No asombra que muchas mujeres busquen imitar a Bella, considero que la autora ha sido sumamente inteligente pues ha hecho de su protagonista a un personaje bastante hueco. Por lo que casi cualquiera se puede identificar con ella ya que, inconscientemente, la va dotando de la personalidad de la que carece con la suya propia. Establece Ana

No hay nada de malo en tener ídolos, pero ¿qué pasa cuando éstos en vez de salvarnos nos condenan? ¿En qué punto los modelos aspiracionales presuponen un peligro? El arquetipo de la damisela en peligro se remonta a las historias del amor cortés. Sería un error tratar de imitar su conducta y esperar los mismos resultados. Meyer no ha creado a sus personajes con ese afán, éstos son un reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos y eso no es culpa de la autora si no de un problema social más complejo.


Caldo de sangre para el alma
Para la RAE, la literatura es el arte que emplea como medio de expresión una lengua. Según Jesús Coss, maestro de letras, ésa es una definición obsoleta e insuficiente.

-Negociar con el arte es una moda capitalista, presuponer que todas las oraciones son significativas, un error. Crepúsculo es un excelente estudio de mercado y un pésimo libro. Decir que es literatura por el mero hecho de capturar palabras en papel es como decir que todo lo que está escrito, sea un texto científico o una columna de astrología también lo es. En este caso las cifras no miden la calidad de una obra ¿a mí qué me importa que Crepúsculo haya vendido 17 millones de ejemplares o dos? ¿No son acaso las piezas maestras de la historia aquellas que en su momento fueron incomprendidas y satanizadas?

Al igual que Jesús otros expertos en literatura (Tania Favela, Luis Felipe Fabre) establecen que pocos son los bestsellers que escapan a los intereses del mercado global.

-En la mayoría de los casos, dedicarte a las letras no deja mucho dinero por ello uno debe ganarse la vida de otra forma pero jamás comerciando con lo que supuestamente ama como lo hacen Meyer, Paulo Coehlo, J.K. Rowling o hasta García Márquez. Más que aspirar a lo estético, la meta final de Crepúsculo es vender. La literatura como toda verdadera alta cultura es elitista y excluyente, sólo está al alcance de unos cuantos. Como puedes observar el libro de Meyer pertenece a la cultura de masas. Es divertido y fácil de leer mas no busca transformar por lo que cae en del lado del entretenimiento y no del arte.

¿Diversión o literatura?, ¿no acaso la segunda engloba a la primera?, ¿importa realmente si la saga cumple con su cometido que es entretener? Poco afecta que sus letras no sean significativas para los expertos si, al final, para la gran mayoría resultan seductoras.


Psicología sangrienta
Ana María Morales y Óscar Martínez se imponen ante las voces que llenan el auditorio. Este 30 de abril han venido a hablar a los estudiantes de la Ibero acerca de vampiros. Comienzan haciendo un recuento de su evolución mediática y simbólica, continúan ligándolos a la psicología. Este punto salta a la vista, los receptores se encogen de hombros, sorprendidos por no haberse percatado antes de cuanto estas criaturas resultan una extensión de sí mismos.

-Las características de los vampiros son forjadas según la época por ello responden a la ideologías de la humanidad en un momento determinado. Sus características son cambiantes; en la antigüedad éstos eran seres ruines y decadentes, eran la causa de las epidemias y a través de ellos se buscaba explicar el surgimiento de plagas. Durante la Edad Media sirvieron para que los sistemas de poder, más específicamente la iglesia, reforzaran su discurso de control; la religión convirtió a los vampiros en esos cadáveres que regresaban de la muerte porque en vida habían sido herejes o se resistieron a abrazar el cristianismo.

A partir de la modernidad los vampiros empiezan a ser percibidos como seres seductores, ligados al erotismo y la sexualidad. Se vuelven una metáfora del narcisismo humano y otros complejos freudianos. Son la personificación del mal que se gesta hasta en el mejor de los hombres, aquel que lo refiere a sus deseos más primitivos. En todos estos puntos hace hincapié Ana María.
Entonces, si estos personajes portan partes de nuestra identidad uno se plantea ¿a qué responde ésta en plena postmodernidad? Para obtener una respuesta basta con analizar Crepúsculo. Dejando de lado la cobertura mediática que ha recibido y toda la parafernalia que se ha generado a partir de la saga, su popularidad tiene que ver también con que satisface las necesidades de la sociedad.

-La cuestión no deja de ser preocupante si se toma en cuenta que los personajes que describe son predecibles, egoístas y hermosos. Hay algo molesto en esa perfección a la que aluden los protagonistas, algo enfermizo en su relación (que fomenta el abuso y sometimiento total ante el ser “amado”). A lo largo de Luna Nueva, el segundo libro de la saga, la protagonista pasa más de la mitad del tiempo llorándole a Edward, piensa en el suicidio como el único escape factible.- Señala la psicóloga Alejandra Castañeda desde su página web.

Hemos llegado al punto en que no se sabe si Crepúsculo es una reproducción de la conducta o viceversa. Edward representa la belleza prohibida, Bella el títere que ha de consumirla. Su relación está cimentada en el aprisionamiento del “amor”, como si éste fuera aprehensible o un producto más para obtener en la era de la abundancia, en la cual lo que tenemos determina lo que somos.


El amanecer de una era crepuscular
Si uno teclea la palabra 'Crepúsculo' en los buscadores en línea alrededor de 751,000 páginas saltan a la vista en un instante. Ésta es una prueba más de que son pocas las personas que no tienen nada que decir acerca del tema. Existen muchas contradicciones en torno al fenómeno: unos afirman que ha venido a refrescar la imagen de los vampiros otros que a arruinarla. Pocos deducen que es una moda pasajera, muchos que llegó para quedarse. Hay quienes opinan que su contenido es un mal ejemplo para las relaciones juveniles y los que alegan que su trama retoma los valores perdidos de la sociedad.

Expertos en literatura lo denuncian como un producto mercadológico, la mayoría lo relacionan con el arte. No hay una postura fija, ni una visión unilateral. Sea lo que sea por lo menos ha logrado que, en un mundo de pensamientos estandarizados, resurjan los murmullos de la diversidad.
-
-

NOTA:
Reportaje final de periodismo, como con todo lo que escribo, me gustó más la primera vez que lo leí. Personalmente, detesto la saga de Crepúsculo, por ello que me diera a la tarea de analizar el porqué de su éxito. Traté de ser lo más neutral posible, sin exponer mis puntos de vista, mostrando las diferentes perspectivas en torno al fenómeno y, como siempre, acabe condenando a la frivolidad de nuestra época.

sábado, 7 de agosto de 2010

Lua

"The reasons all have run away but the feeling never did..."

jueves, 22 de julio de 2010

Little Bear

Hoy se trata de mi (no siempre). Será porque estoy cansada y triste y no ha sido un año amable. Quiero ser sincera pero siempre acabo no diciendo nada. Lo cierto: a veces me harta pasar mi vida en el carril derecho. Apenas soy una nota al pie en su vida (todos tenemos lugares comunes). Algo en mí se fracturó con esa noticia, pero no hablo de ello con nadie. Extraño el atardecer en sus pestañas y la música triste de sus dedos (ese inexplicable masoquismo de torturarnos con canciones que sólo nos recuerdan ausencias). Pero hoy se trata de mi . Ayer recibí una de las peores noticias que me han dado en semanas y hay días en los que nada más no sé. No puedo dormir, hace meses que no escribo, ni leo, ni hago mucho realmente. Estoy cansada del mundo y sus distancias, de tanto extrañar, de preocuparme así, de no llorar. Estoy hastiada de la rutina, del tráfico, de esta ciudad a la que a veces no puedo amar. Harta de haber añorado la lluvia sólo para esperar que no llueva, de la mala ortografía, de que haya tantas cosas menos fáciles y aún así no pueda, de ser tan poco egoísta, de no olvidar. Entristecida por las "amistades" que me han dejado a mi suerte, por el tiempo que me roban las cosas que odio, por el derrame de petróleo, por la ignorancia en la que nos estamos hundiendo. Me duele tanta frivolidad e indiferencia. No soporto a mis fantasmas de humo, a mis recuerdos porosos, a mi repertorio de sombras. Y a momentos el corazón se me hincha por las decisiones que he tomado, por lo no dicho a tiempo, por la cobardía traicionera que asfixia, porque esta vez se trate de mi. 

lunes, 12 de julio de 2010

La Cámara Lúcida de Roland Barthes

“¿No estamos enamorados de ciertas fotografías?”
-Roland Barthes

Por: Mariana Dávila Moreno

¿Qué me punza de una fotografía? ¿el detalle innombrable?, ¿la realidad inmanente que muestra o, por lo contrario, esa atemporalidad que me posiciona fuera de ella? Nunca entenderemos en qué medida una fotografía nos conmueve por encima de otras, por qué lo que vemos en ella no es lo mismo que los demás han visto. No seremos capaces de explicar la razón por la cual a través de algo tan incierto como esa imagen, que no existe sin su referente, nos reencontramos con ciertos objetos, situaciones o personas. Tal vez la belleza no está en lo que en ella contemplamos sino en el mero hecho de saber que eso que nos muestra estuvo ahí, existió.

La fotografía de mi abuelo cargando a mi prima recién nacida me conmueve. Poco importa que la calidad de la imagen sea buena (ésta es demasiado obscura para ser estética) pues lo que me emociona de ella es que me permite reconocer al ser amado. El retrato se convierte entonces en el perpetuo déjà vu de un momento que nunca podrá repetirse y que, a pesar de eso, cuando lo observo no puedo evitar más que evocarlo eternamente.

Es probable que cuando ya no exista nadie para recordarnos el punctum de las fotografías para las cuales posamos se evapore también. Tal vez el azar incomprensible que fascina al Spectator, que lo hace reencontrarme en una imagen, muera junto con aquellos que me amaron y mis representaciones fotográficas se conviertan en un mero vestigio que sólo sirva para probar al mundo que alguna vez existí. Pasaré a ser un simple indicador de otro tiempo, el studium perfecto de una época ya muerta.

Casi todas las personas adquieren una postura al ser fotografiadas (cabeza erguida, actitud relajada, sonrisa plena). Entonces se puede establecer que la fotografía se asemeja al teatro ya no solamente porque ambos tienen como mediador a la muerte, sino porque los dos se construyen a partir de máscaras. El posar ante una cámara es representar un papel, es jugar un rol que me aleja de lo que soy para acercarme a lo que me gustaría ser. La fotografía es la anti-naturalidad del individuo por excelencia. Por ello no es de sorprenderse que las tomas imprevistas que nos capturan en nuestra completa naturalidad nos desagraden la mayoría de las veces. Hay una cierta resistencia a que las fotografías se conviertan en espejos, una indiscutible desconfianza a vernos reflejados realmente como somos y un eterno temor a no aparecer completamente felices, completamente conformes para los ojos ajenos.

El Spectator siempre tendrá una opinión sobre las cosas que mira por más neutral o indiferente que sea a ellas. Pero la capacidad de interpretación de éste es limitada, pues se encuentra sujeta a la intención del Operator que con su dedo creador se encarga de capturar sólo aquellos objetos e instantes que le parecen significativos. La fotografía es fragmentaria pues nos muestra pequeñas partes del mundo y también selectiva pues es una configuración de miradas particulares que anidan imágenes en un lente. Es decir, que aquello que es reproducido por una cámara está sujeto a la selección excluyente del que la opera.

Existe una evidencia inmutable en la fotografía que me dota de una certeza inmediata, incuestionable, de que lo que en ella se representa en efecto ha sido. No presupone un encuentro con el pasado ya que no restituye lo abolido, sino que permite más bien una confrontación con la realidad. Es justamente por la atracción que sentimos hacia lo verdadero que la fotografía nos fascina, por ello que vivimos en un mundo cada vez más contaminado de imágenes, terrible realidad moderna que al pretender valorarla acaba convirtiéndola en una práctica trivial y le roba algo de su demencia, de su genialidad, de su punctum y a nosotros un pedazo de eternidad.

Bibliografía: BARTHES, Roland. La cámara lúcida, Barcelona: Gustavo Gili, 1982